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Presida su propia comisión

Por JAVIER PÉREZ DE ALBENIZ (SOITU.ES)
Actualizado 09-02-2009 07:35 CET

El bailaor Farruquito atropelló hace tres años en Sevilla a un peatón. Fue un caso de conducción temeraria. Farruquito, además, no tenía carné de conducir y huyó sin prestar atención a la víctima, que murió. Farruquito mintió alegando que quien conducía el coche era su hermano pequeño, menor de edad, para beneficiarse de la Ley del Menor. El pasado sábado Farruquito fue entrevistado, a cambio de aproximadamente 140.000 euros, en '¿Dónde estás, corazón?' (Antena 3). Demasiado revuelo para mi gusto. El problema de Farruquito se podría haber solucionado discretamente creando una comisión de investigación que, lógicamente, debería haber presidido el propio Farruquito.

Richard Williamson, obispo británico que pese a negar el Holocausto ha sido rehabilitado por el Papa de Roma, fue entrevistado por la televisión pública sueca (STV). Le preguntaron si había dicho, de manera textual, las siguientes palabras: "No hubo ningún judío que muriera en las cámaras de gas, son todo mentiras, mentiras, mentiras". Y el obispo dijo que sí, que lo había dicho, y que se reafirmaba en sus palabras: "no hubo cámaras de gas". En cualquier caso, me parece un escándalo exagerado. El problema del obispo Williamson podría haberse arreglado divinamente creando una comisión de investigación que, por supuesto, hubiese presidido el propio obispo Williamson.

El primer ministro italiano Silvio Berlusconni no respeta las decisiones del Tribunal Supremo e intenta legislar a su antojo: se pasa la Justicia por la entrepierna. Todo para impedir que una mujer, Eluana Englaro, pueda morir con dignidad y de acuerdo a su voluntad y la de su familia. "Aún puede tener hijos", ha llegado a decir il Cavaliere, la tercera fortuna de Italia con 9.400 millones de dólares (según la revista Forbes), como prueba de su enorme sensibilidad. El político y playboy podía haber solucionado el problema sin levantar tanta polvareda creando una comisión de investigación que, nadie debería dudarlo, hubiese presidido el mismísimo Berlusconi.

Francisco Correa, presunto cerebro de la trama de corrupción vinculada al partido de Rajoy, y el señor Berlusconi, ejercieron de testigos en la boda entre Ana Aznar y Alejandro Agag. 'La rata' (Guillermo Ortega, ex alcalde de Majadahonda), 'el albondiguilla' (Arturo González Panero, alcalde de Boadilla) y 'el bigotes' (responsable de Orange Market en Valencia), no. Los nombres de todos ellos aparecen en los últimos informes sobre la podredumbre económica, social y política de nuestro país. "Si entrego la cinta que tengo del albondiguilla se caga, pero voy también al trullo, y además me interesa seguir haciendo negocios cuatro años en Boadilla", asegura Correa en una conversación telefónica grabada por la Fiscalía Anticorrupción. Todo parece indicar que se trata de un escándalo sobredimensionado por la prensa marxista y la izquierda radical. Los problemas de Correa, el rata, el albondiguilla y el bigotes seguro que se pueden solucionar de manera juiciosa y prudente, creando una comisión de investigación que, como manda la razón, presidiesen Correa, el rata, el albondiguilla y el bigotes.

Seamos positivos. No veamos inmoralidad, descaro y escándalo donde sólo hay imaginación y creatividad. Con su actitud ante la jarana del espionaje, el Partido Popular madrileño está dando una lección de vitalidad, de optimismo, de democracia y de eficacia política. ¡Desbloqueemos la justicia! ¡Desatasquemos la corrupción! ¡Liberemos el tráfico de influencias! ¡Abusemos del poder! ¡Aceptemos con una sonrisa el blanqueo de capitales! ¡Desprestigiemos definitivamente la política! ¡Avancemos sin mojigatos pudores hacia un mundo más libre, más justo, más liberal, más de derechas!

¡Pongamos en marcha nuestras propias comisiones de investigación y, lógicamente, presidámoslas!

P.D.

"No me gustaría que nadie hiciera mañana un circo mediático de esto", aseguraba Óscar Martínez, presentador de 'La vuelta al mundo en directo', el nuevo reality de Antena 3, mientras deseaba con todas su fuerzas que "esto" se convirtiese en el mayor circo mediático de la televisión española. El joven clon de Milikito, en un alarde de desfachatez televisiva, pasó buena parte de este supuesto programa "de viajes, superación y retos" sugiriendo veladas informaciones sobre "esto": la deserción de dos concursantes, Ciril y Paola, por estar implicados en un trágico suceso que pasó "hace años con un joven".

Fue tan repugnante esa parte del programa, el presentador se mostró tan torpe y desubicado, que el resto es una anécdota. Parejas de concursantes frikis (la doble de Pamela Anderson), invitados impresentables, pruebas ridículas, nominaciones interminables, directos fallidos, sonido cutre, estética espantosa, llamadas telefónicas de alto coste... Otro ladrillo más para engrandecer el descomunal muro de la telebasura ibérica.



Un motivo para no ver la televisión

A timba abierta.
Autor: Óscar Urra.
Editorial: Salto de página.

Nunca fue tan cierto aquello de que la realidad supera a la ficción. Cada día, los periódicos nos ofrecen magníficas historias de podredumbre, mafia y delincuencia en un Madrid que se descompone en mil pestilentes pedazos. Por eso tiene tanto mérito escribir novelas como ésta, que describen una ciudad real sembrada de personajes de ficción que resultan tan sucios y repugnantes, y cargan con motes tan patéticos, como los originales.

Tirso de Molina y alrededores. Los que conozcan el barrio saben que se trata de un cruce de caminos entre el Madrid de la Gran Vía, el de Atocha y el del Rastro, con lo mejor y lo peor de la ciudad circulando por unas calles abandonadas y no siempre recomendables. Por esas calles que huelen a entresijos, caracoles y meadas camina el detective Julio Cabria, aficionado al poker y a la derrota. Y también el Botines, un mafioso dispuesto a hacerle un encargo con mucha miga. Todos quieren encontrar a Pandora, la mujer que va acompañada del dolor y la muerte.

Muy recomendable esta primera novela negra de Óscar Urra, con detalles castizos y sembrada de humor salvaje, que no tiene nada que envidiar a los mejores títulos de esos escritores madrileños que todos tenemos en mente.

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